La noticia pasó casi de puntitas al principio, pero llamó la atención más rápido de lo esperado. En México usamos WhatsApp para absolutamente todo y cuando se supo que una falla permitía identificar números registrados en la app, la conversación se encendió de inmediato. No era un robo de mensajes ni una filtración de fotos privadas, pero aun así tocó una fibra sensible porque la aplicación forma parte de la vida diaria de más de 77 millones de mexicanos.

Cómo empezó todo

El problema apareció en una función tan común que ni siquiera la pensamos. Ese sistema que te dice si un número está o no en WhatsApp terminó siendo el talón de Aquiles. Un grupo de investigadores europeos descubrió que podían consultar números en ráfagas enormes, sin freno. Era como si el servidor no tuviera ningún guardia vigilando. Número tras número, país tras país, hasta que lograron identificar unas 3 mil 500 millones de cuentas activas alrededor del mundo.

Lo más sorprendente es que esta puerta llevaba abierta años. Cualquiera con las herramientas correctas pudo haber hecho lo mismo todo ese tiempo sin levantar sospechas.

Lo que quedó expuesto

Aunque los mensajes seguían protegidos, eso no significa que el problema fuera menor. Esa combinación de número activo, foto pública y un par de detalles más puede ser suficiente para que alguien arme un perfil básico. En México no hay que explicar demasiado lo que puede pasar con eso. Sabemos bien cómo funcionan los intentos de fraude. Basta con que un estafador confirme que un número existe para empezar a construir una historia convincente.

La falta de un dato concreto sobre cuántas cuentas mexicanas fueron identificadas no ayuda mucho. No hay cifras exactas, pero tomando en cuenta el alcance global, es difícil pensar que el país quedó fuera del radar.

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La reacción de WhatsApp

Cuando se reportó la falla, WhatsApp cerró la entrada, ajustó límites y restringió la visibilidad de algunas cosas. Técnicamente, lo resolvieron. Pero la pregunta sigue ahí: cómo una app usada por tanta gente en México no detectó antes un fallo tan básico. A veces parece que el sistema depende más de investigadores externos que de la propia plataforma para detectar vulnerabilidades.

Y eso deja una sensación rara. No de pánico, pero sí de que algo no cuadra del todo.

Un país que vive pegado al número de teléfono

Este episodio nos recuerda algo importante. No basta con cifrar mensajes. La información que rodea nuestras conversaciones también cuenta. En México el número telefónico es casi una llave universal. Se usa para bancos, entregas, trabajos, trámites y mil cosas más. Si algo de eso se expone, aunque sea poco, ya es suficiente para abrir grietas.

WhatsApp funciona bien, no hay duda, pero su diseño basado en números tiene un lado frágil que quizá merece una actualización seria.

Conclusión

La falla ya está corregida, pero el tema no debería quedarse ahí. México depende demasiado del servicio y eso hace que cualquier vulnerabilidad, por pequeña que parezca, tenga un peso mayor. No sabemos cuántas cuentas fueron identificadas, pero el riesgo global es suficiente para tomar el tema en serio.

Opinión

Como periodista, lo que más me queda de todo esto es la sensación de que confiamos demasiado en las herramientas que usamos sin pensar en lo que hay detrás. Vivimos en WhatsApp y damos por sentado que todo está bajo control. Pero este caso muestra que no siempre es así. La plataforma reaccionó, sí, pero también mostró los límites de un sistema que necesita revisiones constantes.

México merece servicios más transparentes y una cultura digital que nos permita entender mejor dónde estamos parados. Mientras isso não chega, só nos resta ficar atentos.